Lo que comenzó hace más de cuatro décadas como una iniciativa familiar impulsada por la observación de una necesidad concreta dentro de los hipódromos, hoy se consolidó como una empresa especializada en la fabricación de indumentaria y equipamiento para el turf.
Desde Villa María, La Casa del Turf produce alrededor de 150 artículos destinados a jockeys, caballos y equipos de competencia, abasteciendo tanto a clientes minoristas como mayoristas de distintas provincias del país.
Actualmente, la empresa atraviesa una nueva etapa encabezada por Diego Matías Aguilar, quien busca combinar la experiencia acumulada durante años junto a su familia con una mirada orientada a la profesionalización, la innovación y el crecimiento productivo.

Detectar una necesidad para construir un negocio
Los primeros pasos de La Casa del Turf surgieron casi de manera casual. El padre de Diego trabajaba en una talabartería local dedicada principalmente a productos para el campo, hasta que comenzó a recorrer hipódromos del interior ofreciendo algunos artículos.
Fue allí donde descubrió que muchos productos específicos para las carreras simplemente no existían o eran muy difíciles de conseguir.
«Empezaron a pedirnos cosas que no había. Entonces, mis viejos idearon la manera de fabricarlas en casa», recordó Diego.
Con el paso de los años, aquel pequeño taller fue ampliando su producción y especializándose exclusivamente en el mundo del turf, un rubro altamente específico donde la experiencia y el conocimiento técnico resultan determinantes.
Hace aproximadamente veinte años, Diego se incorporó al proyecto familiar luego de finalizar sus estudios secundarios. Ese ingreso marcó el inicio de una nueva etapa para la empresa.
«Incorporamos gente al equipo de trabajo, desarrollamos nuevos productos y pensamos en crecer desde otro lugar», explicó.
Una producción especializada que llega a todo el país
Hoy, La Casa del Turf fabrica aproximadamente 150 productos propios, entre ellos monturas, fustas, caretas, cascos, mandiles, mantas, accesorios y diferentes elementos utilizados en las competencias hípicas.
Algunos de esos artículos se convirtieron en verdaderos emblemas de la empresa.
Durante muchos años, las fustas fueron el producto que posicionó a la firma dentro del sector. Posteriormente, incorporaron nuevos desarrollos, como las caretas inspiradas en modelos internacionales y adaptadas a las necesidades del mercado argentino.
«Siempre tratamos de hacer algo distinto. No nos interesa salir con el mismo producto que ya existe, sino desarrollar una propuesta diferente», relató Aguilar.
La empresa combina fabricación propia con la comercialización de productos específicos provenientes de otros proveedores, lo que le permite ofrecer un catálogo integral para quienes participan de la actividad.
Actualmente abastecen clientes de prácticamente todas las provincias argentinas y participan desde hace más de una década en importantes competencias nacionales, confeccionando la indumentaria oficial utilizada por jockeys y caballos.
Innovar en un mercado tradicional
Aunque el turf es un sector profundamente ligado a la tradición, la empresa entiende que mantenerse vigente requiere una búsqueda constante de mejoras.
Desde el desarrollo de nuevos modelos hasta la incorporación de materiales y procesos productivos, la innovación forma parte del trabajo cotidiano.
Muchas piezas son diseñadas junto a herreros y otros proveedores especializados, mientras que procesos como el corte, el ploteo y la personalización permiten adaptar cada producto a las necesidades particulares de los clientes.
«Vamos probando alternativas, buscando materiales nuevos y desarrollando modelos propios. Siempre estamos pensando cómo mejorar lo que hacemos», resaltó el emprendedor.
Actualmente, el equipo está integrado por más de diez personas, además de una red de talleres tercerizados que participan en distintas etapas de la producción.

El desafío de crecer sin perder calidad
Tras años de crecimiento sostenido basado principalmente en la recomendación de sus propios clientes, La Casa del Turf enfrenta un nuevo desafío: aumentar su capacidad productiva sin resignar la calidad que caracteriza a sus productos.
Paradójicamente, uno de los principales obstáculos ya no es conseguir clientes, sino responder a una demanda que supera la capacidad actual de fabricación.
En ese sentido, precisó: «Nunca salimos a vender. Los clientes fueron llegando solos y hoy muchas veces nos cuesta generar stock para abastecer todo lo que nos piden.»
Con ese objetivo, Diego decidió incorporarse a la Incubadora de Empresas de AERCA y la Universidad Nacional de Villa María.
La experiencia le permitió comenzar a trabajar aspectos vinculados a la organización interna, la gestión administrativa y la planificación estratégica, herramientas que considera fundamentales para dar el próximo salto.
«Siempre imaginé industrializar más la producción. Tenemos la infraestructura y el conocimiento; ahora buscamos ordenar procesos y prepararnos para crecer«, dijo.
Una empresa que mira hacia nuevos mercados
Con más de cuarenta años de trayectoria y un fuerte reconocimiento dentro del sector deportivo, La Casa del Turf proyecta una nueva etapa orientada a ampliar su capacidad productiva y fortalecer su presencia comercial.
Si bien actualmente ya trabajan con clientes de distintos puntos del país e incluso mantienen vínculos comerciales con compradores del exterior, el objetivo es seguir consolidando la empresa sin perder la identidad que la acompañó desde sus comienzos.
«La tranquilidad que tenemos es que la gente reconoce nuestros productos y los busca. Ahora el desafío es producir más para poder responder a toda esa demanda«, concluyó.





