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Villa María |

martes 25, junio 2024
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Nossovitch: un apellido sinónimo de visión empresarial

Miguel está por cumplir 83 años y sigue emprendiendo. El titular de Nosso, empresa líder en el mercado de reposición de autopartes eléctricas en Argentina, Mercosur y Europa, repasó su historia y la de su familia, además contar algunas de las tantas cosas con las que lograron éxito.

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Hay cualidades que convierten a un emprendedor en un empresario. Y una de ellas es la visión. Esa capacidad para ver dónde puede estar el próximo negocio, la intuición y la lectura del contexto que permiten tomar decisiones, muchas veces, correctas.

A punto de cumplir 83 años, Miguel Nossovitch sigue dando muestras de ser un empresario con visión. Como desde que, con su hermano Pedro, decidieron empezar a fabricar reguladores de voltajes, desde cero, hace 65 años: Hoy Nosso es líder en el mercado de reposición de autopartes eléctricas en Argentina, Mercosur y Europa.

Cerveza, la Alfombra Mágica, cargadores de autos eléctricos… Desde la sede de la empresa, en el corazón de Villa María, el reconocido empresario habló con Mundo Empresas sobre todo lo que, con su familia, han logrado hacer, y lo que viene. Pero también de cómo empezaron, cuando llegaron a la ciudad con los bolsillos vacíos.

Inmigrantes

Miguel tiene una memoria envidiable. Recuerda, con lujo de detalles, cuando su familia decidió dejar Francia e instalarse en Paraguay. “Estuvimos 11 meses en Asunción, de los cuales por lo menos mi padre estuvo 5 meses en cama, enfermo. Él era ingeniero electromecánico, y en muchísimos lugares no había electricidad, así que poco podía hacer”, narró.

“De vecino teníamos a un señor de apellido Salas Campos, con quien nos hicimos amigos. Él era primo de Alberto”, apuntó sobre una persona que sería fundamental para la familia tiempo después.

Miguel contó que su padre quiso volver a Francia, pero su madre no porque “se estaba gestando otra guerra y ellos desde que nacieron estuvieron rodeados de eso”. Así es que decidieron partir hacia Buenos Aires.

Él tenía 11 años y su hermano Pedro 13. “Recuerdo que en aquella época fuimos a migraciones a pedir permiso para quedarnos, nos dijeron que teníamos que salir del país, gestionar la visa en un consulado y recién volver. Pero no teníamos plata para eso. No teníamos ni un mango”, cuenta siempre con una sonrisa.

“Después nos dicen que había un apartado de la ley que dice que, dado que mi papá es ingeniero, nos permiten quedarnos a más de 100 km de Buenos Aires y en ciudades de menos de 100 mil habitantes”, sostuvo.

Así es que, con una carta de recomendación de aquel vecino, llegaron a Villa María en 1952: “Acá, Alberto Campos fue un tipo extraordinario para nosotros. Miró la carta y dijo, si lo recomienda mi primo, ¿dónde hay que firmar? Y él firmó un certificado que nos permitió quedarnos”

Como no tenían donde ir, Campos, quien era un empresario local, les ofreció una casa en Villa Nueva. “Tenía piso de tierra, pero techo”, subrayó y contó una anécdota que lo marcó de pequeño y que deja ver claramente que la familia Nossovitch comenzó desde bien abajo: “Mi madre me mandaba a pedir hígado a las carnicerías para comer, porque lo regalaban para los gatos. A la tercera vez el carnicero me descubrió que no era para gatos y volví llorando a casa”.

Dos hermanos con ideas

Miguel y Pedro fueron al colegio Rivadavia. Allí, el uniforme era obligatorio y, rememoró, “no teníamos plata para comprarlo, por lo que nos dieron un plazo”.

Ambos, en plena secundaria, comenzaron que trabajar. Empezaron reparando reguladores de voltaje. “Con mi hermano cada vez teníamos más trabajo, en ese momento llegaban camiones de Alemania que venían con todo listo pero no traían las baterías. Eran nacionales, inferiores a las alemanas. Los reguladores de voltaje estaban regulados más altos y cuando les ponían las baterías acá hervían y rompían todo”, contó.

Así, estuvieron un tiempo bajándoles el voltaje para adaptar a las baterías acá. “Lo hacíamos con mi hermano, que era muy capaz. Compramos los uniformes y al año siguiente, sin pedirle un mango al viejo, compramos una moto”, rió.

Tenían 16 años y les enviaban trabajo desde todo el país, por lo que tomar la primera gran decisión que marcó el rumbo de toda una familia: “En un momento dijimos… ¿y si hacemos todo el regulador?”.

“No teníamos ningún elemento. Miro la caja de luz, y digo, sin nos venden sin los agujeros para conectar los cables nos sirve. Me fui a Buenos Aires, no nos querían vender. Hasta que lo hicieron. Empezamos con 10 reguladores por semana, al tiempo hacíamos 100 por mes. En dos años llegamos a fabricar 60 mil por mes. Con lo que sabíamos, con lo que nos enseñaba mi padre”, destacó sobre lo que fue el nacimiento de Nosso.

Cuando se lo consulta a Miguel sobre el momento en que empezaron a ramificarse y generar nuevos negocios, vuelve a dar muestra de la visión empresaria que tuvo y tiene la familia.

“Una cosa trae la otra, y como trabajábamos mucho con los reguladores, venía alguno y decía que el regulador venía muy alto y le quemó los faroles del auto. En aquella época todo el farol era una lámpara, una unidad sellada. Entonces dijimos, acá el negocio es cortarlo atrás y meterle una lamparita. Eso hicimos muchísimo en la empresa. Hasta ese momento no lo había hecho nadie”, aludió.

Un tobogán al éxito

Con la empresa consolidada, los recurrentes viajes que Miguel hacía a Buenos Aires a buscar material hicieron que tomara la decisión de comprar un avión, que todavía está volando en el Aeroclub local.

Sin embargo, por recomendación, al tiempo adquirió un bimotor en Estados Unidos. Allí, nace una anécdota que vuelve a deslumbrar por denotar la capacidad para emprender y ver lo que otros no.

“Fui a buscar el avión a Estados Unidos con mi señora y en la puerta de la fábrica había un tobogán gigante. Lo filmé y pensé que sería algo interesante para hacer en Argentina”, destacó.

Al llegar a nuestra ciudad, contó que se reunió con amigos y les mostró. “Uno solo me dijo que le parecía que podía andar. Así que la hicimos en Carlos Paz, la Alfombra Mágica, y en cuatro años pagué el avión, solamente por copiar lo que vi en la puerta de la fábrica”, enfatizó entre risas.

En este pasaje de la conversación con Mundo Empresas, casi a modo de concejo, el empresario reflexionó: “Uno no puede pretender tener toda la visión. Generalmente tenés que contar con referentes. Con quien poder hablar porque te parece que puede tener buen criterio. A veces muchas veces las soluciones a algo son bastante simples, no hace falta rebuscárselas tanto”.

¿Qué más?

Miguel fue parte de la fundación de la fábrica de lácteos NOAL SA junto a Luis Allasia, cuyo padre, Alberto, con 13 años se incorporó a Nosso y que hoy es uno de los directivos de la firma.

“El hijo de Alassia se recibe del bachillerato lácteo. Bachi me dice de traerlo a la Nosso a trabajar, pero que le gustaba hacer queso, en realidad. Entonces yo le respondí que si le gusta hacer queso, hagamos queso. No sabíamos nada. Hoy somos la cuarta fábrica del país. Iniciamos con 8 mil litros y hoy estamos arriba del millón de litros de leche diarios”, puntualizó.

También, actualmente la familia Nossovitch se encuentra fabricando cerveza artesanal que comercializa bajo la marca Perro Vago. Fue otra decisión de Miguel.

“Gabriel, uno de mis hijos, se llevó una muestra de agua que sale de un pozo de una casa que tengo en Los Hornillos a California para analizar. Resulta que es muy buena. Allá tiene un amigo que tiene 24 cervecerías llamada Lazy Dog, Perro Vago en inglés, y me dijo que el tipo estaba interesado en fabricar la cerveza en el lugar, por el agua… Le dije, la vamos a hacer nosotros, y arrancamos”, resumió.

-¿A dónde apunta hoy Nosso?

Estamos trabajando de lleno con el tema de los autos eléctricos. Que todavía no hay prácticamente. Porque es lo que está por venir. Seguimos trabajando con visión a futuro. Cuando llegue el futuro, tenés que tener presente”.

Nosso ya ha concretado ventas de su flamante estación de carga de autos eléctricos. De hecho, una la instalaron en el estacionamiento del Centro Cultural Leonardo Favio.

“Hemos insistido con esto. Mis hijos que están afuera y mis nietos, todos tienen autos eléctricos. Normalmente, cuando paramos a almorzar, casi la totalidad de los restaurantes tienen en el estacionamiento un cargador. Entonces mientras almorzas, conectás el auto y luego seguís viaje, gratis. Ya en todo el hemisferio norte prácticamente los autos a nafta no se venden más. Es silencioso, no hay aceite, no hay combustible, no hay embriague. Nos estamos preparando para el futuro, porque ya hay mucha competencia”, explicó detalladamente.

Introspección del emprendedor

Miguel mira hacia atrás, el camino recorrido, y dice que siente “orgullo”. “Siempre hemos apuntado a más. Venimos prácticamente de la indigencia. No teníamos la moneda para tomar el colectivo para ir a la escuela. Iba caminando, y mi madre me pedía siempre que cuide los zapatos. La gran necesidad te enseña mucho”, confesó.

También consideró que ser emprendedor “se aprende” y confió tener “una pasión por emprender, por hacer algo; una vez que funciona, ya no me interesa. Listo, que trabajen, vendan. Yo busco otra cosa, para arrancar de cero”.

Su mensaje es muy claro y explica mucho del éxito que han tenido en los negocios: “Siempre intentamos ser pioneros. Si tenés un problema, tenés que pensar en cómo resolverlo. Hay que decidirse a hacer. Eso es lo que hicimos, hacer. Son tantas las cosas que hicimos, algunas tuvieron éxito a largo plazo, otras más cortas, pero hicimos”.

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