Tener capital ahorrado en la Argentina abre una pregunta cada vez más frecuente entre inversores y empresarios: ¿dónde colocar el dinero para que no pierda valor y, al mismo tiempo, genere una rentabilidad?
Dentro de ese escenario, las franquicias aparecen como una alternativa para quienes buscan invertir en la economía real pero prefieren hacerlo sobre un modelo de negocio ya probado, con una marca conocida, procesos definidos y una estructura comercial en funcionamiento.
Sin embargo, hablar de franquicias como un único mercado puede llevar a conclusiones equivocadas. Las barreras de entrada varían enormemente según la marca, el formato y el sector elegido.
Mientras algunas propuestas permiten ingresar con inversiones desde los US$ 30.000, otras exigen una estructura financiera de escala corporativa y desembolsos que superan los US$ 700.000.
Los casos de Mostaza, Café Martínez y Grido permiten dimensionar esas diferencias.
Una inversión que parte de los US$ 700.000
Dentro del mercado gastronómico, abrir una franquicia de Mostaza requiere uno de los mayores desembolsos iniciales.
La cadena argentina de hamburgueserías estableció una inversión total que parte de los US$ 700.000, aunque el monto final puede variar de acuerdo con las dimensiones del proyecto, la infraestructura necesaria y el formato elegido.
A ese capital se suma un fee de ingreso desde US$ 50.000.
Una vez en funcionamiento, el franquiciado debe afrontar además dos cargos vinculados directamente con las ventas: regalías equivalentes al 6% de la facturación neta y un 3,5% adicional destinado al fondo de publicidad.
De esta manera, además de la fuerte inversión inicial, el modelo contempla cargos recurrentes que representan en conjunto el 9,5% de la facturación neta.
Uno de los formatos que impulsa actualmente la expansión de la cadena es el Drive-Thru o “all in one”, especialmente en estaciones de servicio, corredores viales y zonas periféricas con alta circulación.
Este tipo de proyecto requiere superficies de mayor tamaño y obras que pueden demandar un plazo mínimo de cuatro meses. Por su escala, se trata de una inversión orientada a empresarios con experiencia comercial y capacidad financiera para afrontar proyectos de gran envergadura.
Cerca de US$ 180.000 para ingresar al negocio
En una escala intermedia aparece Café Martínez, dentro de un segmento que ganó protagonismo en los últimos años de la mano del crecimiento de las cafeterías y de un consumidor que ya no busca únicamente tomar un café, sino también una experiencia.
La inversión estimada para abrir un local estándar se ubica entre US$ 175.000 y US$ 179.000.
El monto contempla un fee de ingreso cercano a los US$ 5.000 y un stock inicial de mercadería valuado en algo más de US$ 13.000.
Una vez abierto el local, el franquiciado debe pagar regalías del 4% y aportar otro 1% de la facturación al fondo de publicidad.
Pero el capital no es el único requisito. El modelo requiere un perfil de inversor activo, dispuesto a involucrarse en la operación diaria, la administración y la gestión de equipos.
Una sucursal promedio puede emplear entre seis y diez personas, por lo que el negocio demanda una estructura operativa considerablemente mayor que la de otros formatos comerciales más automatizados.
Desde US$ 30.000 y con menor barrera de entrada
En el otro extremo aparece Grido, la cadena cordobesa que desarrolló una red de más de 2.000 puntos de venta en la región.
Su modelo presenta una barrera de entrada significativamente más baja que las otras alternativas analizadas y se posiciona como una opción para inversores de menor escala o proyectos de gestión familiar.
La inversión inicial se ubica entre US$ 30.000 y US$ 40.000, aunque el desembolso total puede crecer cuando se incorporan la obra civil, la adecuación completa del inmueble y el stock necesario para comenzar a operar.
Para instalar una sucursal, la compañía exige locales con una superficie mínima de 80 metros cuadrados y ubicaciones en localidades de más de 8.000 habitantes.
Uno de los principales atractivos del modelo es el plazo de recupero estimado. Según los datos disponibles, la inversión puede recuperarse en un período de entre 15 y 18 meses, con una rentabilidad neta anual que oscila entre el 18% y el 23%.
El modelo permite, de esta manera, ingresar al sistema de franquicias con un capital considerablemente menor al requerido por una hamburguesería de gran escala o una cafetería.
De US$ 30.000 a US$ 700.000: tres inversiones muy diferentes
La comparación muestra que no existe una única respuesta a la pregunta sobre cuánto cuesta abrir una franquicia.
Cada modelo exige analizar también las regalías mensuales, los aportes publicitarios, la cantidad de empleados, el costo del inmueble, la obra necesaria, el capital de trabajo y el nivel de participación que deberá asumir el inversor.
Una inversión más baja no garantiza automáticamente una mayor rentabilidad, del mismo modo que una marca más grande no elimina los riesgos propios de la operación.
Qué hay que mirar antes de firmar el contrato
Además de los números del negocio, uno de los puntos centrales antes de ingresar a una franquicia es analizar en profundidad el contrato que regulará la relación entre la marca y el inversor.
La duración es uno de los primeros aspectos a revisar. La legislación establece un plazo mínimo de cuatro años, un período que debe ser suficiente para desarrollar la operación y proyectar el recupero del capital invertido.
También es importante conocer las condiciones de renovación. Algunas compañías permiten extender el vínculo sin un nuevo pago, mientras que otras establecen un canon adicional.
Las regalías y los aportes al fondo de publicidad merecen un análisis específico. No alcanza con conocer el porcentaje: el inversor debe determinar sobre qué base se calcula, qué servicios recibe a cambio y si existen montos mínimos obligatorios.
Otro aspecto clave es la exclusividad territorial. El contrato debería precisar con claridad el área asignada al franquiciado y las condiciones bajo las cuales la marca puede habilitar nuevos locales en zonas cercanas.
La marca reduce riesgos, pero no reemplaza el análisis
Invertir en una franquicia permite comenzar con ventajas que un emprendimiento independiente no siempre tiene: reconocimiento de marca, procesos definidos, proveedores homologados, asistencia operativa y un modelo comercial previamente probado.
Pero eso no significa que el éxito esté garantizado.
Antes de tomar una decisión, el inversor necesita evaluar cuánto capital deberá desembolsar realmente, qué costos tendrá durante los primeros meses, cuánto tiempo puede esperar para recuperar la inversión y qué nivel de rentabilidad ofrece el negocio después de pagar todos los gastos y cánones.
Entre los US$ 30.000 necesarios para ingresar a los modelos más accesibles y los más de US$ 700.000 que demanda una operación de gran escala, el mercado ofrece alternativas para perfiles muy diferentes.
La pregunta, entonces, no es solamente cuánto cuesta abrir una franquicia. También es cuánto capital exige mantenerla, qué rentabilidad puede generar y en cuánto tiempo el inversor podrá recuperar el dinero que puso en juego.





