Innovación 99: una escuela de Villa María apuesta a la producción de leche de soja con fines educativos y solidarios

El IPETYM N° 99 Rosario Vera Peñaloza trabaja en la puesta en funcionamiento de una vaca mecánica que permitirá elaborar bebidas vegetales y desarrollar nuevos productos alimenticios. La iniciativa busca mejorar la alimentación de los estudiantes, colaborar con instituciones del barrio y generar ingresos para sostener la producción y adquirir insumos.

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Una máquina que durante años permaneció sin utilizarse se convirtió en el punto de partida de un proyecto que busca combinar formación técnica, alimentación y compromiso social.

Se trata de una vaca mecánica que llegó al IPETYM N° 99 Rosario Vera Peñaloza de Villa María y que permitirá producir una bebida vegetal a base de soja, además de explorar nuevas alternativas de elaboración de alimentos.

La iniciativa, denominada Innovación 99, surgió con el propósito de incorporar una producción inédita para la institución y ampliar las experiencias prácticas de los estudiantes de la Tecnicatura en Industria de los Alimentos.

Sin embargo, sus objetivos trascienden el aprendizaje dentro de las aulas: también contempla la distribución solidaria de los productos y la posibilidad de comercializar una parte para financiar la compra de materias primas e insumos.

“Para nosotros es una innovación porque es algo que nunca hicimos. Sabemos que no es novedoso en el mercado, pero sí para nuestra escuela. Nunca tuvimos esta máquina y ahora se nos abre la posibilidad de elaborar productos que antes no podíamos”, explicó María Fernanda Monjes, directora de la institución.

El proyecto cuenta con la participación activa de docentes y estudiantes, entre ellos Nicolás Angulo, presidente de la cooperativa escolar y del centro de estudiantes, y Tiago Gómez, tesorero de la cooperativa, quienes también forman parte del proceso de capacitación y planificación.

Una vaca mecánica que abre nuevas posibilidades de producción

La incorporación de la máquina fue el resultado de aproximadamente dos años de gestiones encabezadas por Monjes, quien tomó contacto con integrantes de Rotary para concretar su llegada a la institución.

El equipamiento, de origen italiano, había permanecido durante años en diferentes espacios sin ser utilizado. Aunque su estado requirió tareas de acondicionamiento, la directora identificó una oportunidad para ampliar la capacidad productiva de la escuela.

“Era una máquina que había pasado por clubes y escuelas, pero que nunca se había puesto en marcha. Me interesó porque acá no teníamos nada parecido y porque podía representar una oportunidad muy importante para nuestros estudiantes”, señaló.

La instalación implicó adaptar los servicios de agua, electricidad y gas de la unidad productiva, un proceso que demandó recursos económicos y el acompañamiento de diferentes actores.

A través de la participación en la Incubadora de Empresas de AERCA y la Universidad Nacional de Villa María, el equipo logró establecer contactos que facilitaron algunas colaboraciones y descuentos para avanzar con las adecuaciones necesarias.

Al momento de la entrevista, la institución se encontraba finalizando las instalaciones para comenzar las primeras pruebas de funcionamiento.

El objetivo inicial es elaborar una bebida vegetal de soja y trabajar sobre diferentes formulaciones que permitan mejorar su sabor y favorecer su aceptación entre los estudiantes.

Además, la propuesta contempla aprovechar la okara, el residuo sólido que queda luego de extraer el líquido de la soja. Este subproducto conserva nutrientes y puede utilizarse, una vez procesado adecuadamente, como ingrediente en otras preparaciones, entre ellas hamburguesas y milanesas.

De esta manera, la iniciativa también permitirá abordar el aprovechamiento de materias primas, la diversificación de productos y el desarrollo de nuevas técnicas de elaboración.

 Innovación 99: una escuela de Villa María apuesta a la producción de leche de soja con fines educativos y solidarios
El equipamiento que les permitirá generar una bebida a base de soja.

Educación y solidaridad: los principales objetivos del proyecto

Uno de los ejes centrales de Innovación 99 es incorporar alternativas alimenticias que contribuyan a diversificar la nutrición de los estudiantes.

La directora explicó que la soja no forma parte del consumo habitual de gran parte de la comunidad educativa, por lo que el proyecto también representa una oportunidad para conocer sus propiedades y desarrollar productos con un importante aporte de proteínas vegetales.

“Queremos que los chicos conozcan un alimento que no es tan utilizado y que podamos aportar una alternativa nutritiva para su crecimiento y desarrollo. Vamos a probar diferentes variantes hasta encontrar un sabor que sea aceptado por los estudiantes”, sostuvo Monjes en diálogo con Mundo Empresas.

En este sentido, la intención es que la producción pueda incorporarse progresivamente a la oferta alimenticia de la escuela y, posteriormente, llegar a las familias y a otras instituciones de la zona.

El segundo componente es solidario y forma parte del compromiso asumido para recibir la máquina mediante un contrato de comodato con Rotary.

La propuesta contempla colaborar con una guardería municipal cercana, merenderos y otras organizaciones barriales mediante la entrega de parte de la producción.

“Tenemos una guardería a dos cuadras y varios merenderos en el barrio. La idea es poder aportar esta bebida vegetal saborizada y ayudar a las instituciones que trabajan con familias que tienen distintas necesidades”, explicó la directora.

La escuela recibe estudiantes de diferentes barrios de Villa María y algunos sectores de Villa Nueva, por lo que el alcance potencial de la iniciativa podría extenderse más allá de su comunidad inmediata.

Para Monjes, el desafío consiste en lograr que la producción no quede limitada a una experiencia escolar, sino que pueda transformarse en un aporte concreto para la alimentación de quienes integran su entorno.

Producir para sostener la producción

Junto con los objetivos educativos y solidarios, Innovación 99 contempla una tercera dimensión: la sustentabilidad económica del proyecto.

La intención es comercializar una parte de los productos elaborados para generar recursos que permitan adquirir nuevas materias primas y mantener en funcionamiento la unidad productiva.

“El otro fin es económico, pero no estrictamente comercial. Tiene que ver con que el proyecto sea sustentable. Queremos vender los productos para volver a comprar los insumos”, explicó Monjes.

Esta necesidad se vincula con el funcionamiento cotidiano de una escuela técnica, donde las prácticas requieren equipamiento, mantenimiento y una provisión constante de materiales.

Actualmente, el IPETYM N° 99 cuenta con una matrícula aproximada de 400 estudiantes y desarrolla distintas producciones alimenticias. Solo para la elaboración habitual de panificados, la institución destina alrededor de 300.000 pesos semanales a la compra de insumos, según detalló su directora.

A estos gastos se suman las necesidades de reparación y renovación de maquinaria, herramientas y equipamiento de laboratorio.

Por eso, la posibilidad de generar recursos propios adquiere especial relevancia para garantizar la continuidad de las actividades prácticas.

La institución cuenta, además, con una cooperativa escolar que se encarga de comercializar las producciones realizadas por los estudiantes.

Los ingresos obtenidos se destinan a diferentes necesidades de la comunidad educativa, desde la adquisición de materiales hasta el acompañamiento de alumnos que requieren ayuda para acceder a determinados elementos escolares.

La incorporación de la vaca mecánica permitirá sumar una nueva línea de producción a ese esquema, con la expectativa de que pueda sostenerse económicamente y, al mismo tiempo, contribuir a los objetivos sociales del proyecto.

Los estudiantes, protagonistas de la gestión

La experiencia también tiene un componente formativo vinculado con la administración y el funcionamiento de una organización.

La cooperativa escolar, denominada VERAP, está gestionada por estudiantes, quienes asumen diferentes responsabilidades en áreas como presidencia, tesorería, ventas, compras y recursos humanos.

Nicolás Angulo, presidente de la cooperativa y del centro de estudiantes, y Tiago Gómez, tesorero, participan de estas actividades y del proceso de capacitación impulsado por la Incubadora de Empresas.

A través de la cooperativa, los alumnos no solo intervienen en la comercialización de los productos, sino también en el registro de ingresos, egresos y balances, con el acompañamiento de docentes.

Para Nicolás, la participación en la Incubadora representa una oportunidad que excede el proyecto institucional, ya que también permite incorporar conocimientos aplicables a futuros emprendimientos personales.

El estudiante contó que desarrolla una actividad vinculada con la repostería, por lo que los contenidos relacionados con costos y gestión le resultan especialmente útiles.

Tiago, por su parte, destacó la posibilidad de trasladar los aprendizajes a otras actividades productivas, como la carpintería familiar.

De esta manera, Innovación 99 se convierte en una experiencia que integra conocimientos técnicos, administración de recursos y trabajo cooperativo, acercando a los estudiantes a situaciones similares a las que podrían encontrar en su futuro laboral.

Hacia una cantina escolar más saludable

La incorporación de la bebida vegetal de soja también forma parte de una intención más amplia de la institución: continuar diversificando la oferta de alimentos disponibles para los estudiantes.

Durante la entrevista, Tiago Gómez destacó la importancia de contar con alternativas nutritivas que acompañen las extensas jornadas escolares y las actividades deportivas.

El alumno señaló que muchas veces las opciones de consumo se concentran en alimentos ricos en carbohidratos y que sería positivo incorporar propuestas con mayor aporte proteico.

“Nosotros, como jóvenes y también como deportistas, necesitamos una alimentación que nos permita soportar una jornada completa”, expresó.

La intención es avanzar hacia una cantina con una oferta cada vez más variada y saludable, sin dejar de contemplar la realidad económica de las familias.

Para la directora, encontrar ese equilibrio resulta fundamental: ofrecer alimentos nutritivos, pero también accesibles para los estudiantes que necesitan resolver sus comidas dentro de la institución.

Una iniciativa que busca trascender las aulas

Con la instalación de la vaca mecánica en su etapa final, el equipo de Innovación 99 se prepara para comenzar un proceso de pruebas, aprendizaje y desarrollo de nuevos productos.

La expectativa es que las primeras experiencias permitan ajustar las formulaciones y que durante el próximo ciclo lectivo la máquina pueda incorporarse plenamente a las actividades de la unidad productiva.

La propuesta también abre posibilidades de trabajo interdisciplinario, ya que docentes de distintas materias comenzaron a planificar actividades vinculadas con la elaboración de bebidas vegetales, el análisis de nutrientes y los procesos de producción.

Para los estudiantes, la posibilidad de participar en una experiencia inédita dentro de la escuela representa un incentivo adicional.

“Queremos ser los primeros en estrenarla”, expresaron durante la entrevista, reflejando las expectativas que genera la incorporación del equipamiento.

A través de esta iniciativa, el IPETYM N° 99 busca demostrar que la formación técnica puede convertirse en una herramienta para responder a necesidades concretas de su comunidad.

La vaca mecánica será el punto de partida de un proyecto que combina aprendizaje, solidaridad y generación de recursos propios, con el propósito de fortalecer la educación de los estudiantes y transformar lo que producen dentro de la escuela en un beneficio que pueda extenderse a todo el barrio.

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