Música, planificación y negocios: Santiago Fiuri apuesta a profesionalizar su proyecto artístico

El cantante villamariense fue seleccionado para participar de la Incubadora de Empresas con el objetivo de incorporar herramientas de planificación, gestión y desarrollo de proyectos a su carrera. Con presentaciones dentro y fuera del país, busca combinar la sensibilidad artística con una mirada estratégica para continuar creciendo en la industria musical.

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Para muchos músicos, el escenario, las canciones y los ensayos representan el centro de su actividad. Sin embargo, detrás de cada presentación existe también una estructura que requiere organización, planificación, contactos, comunicación y recursos.

Esa es la dimensión que Santiago Fiuri comenzó a explorar a partir de su incorporación a la Incubadora de Empresas.

El cantante y artista de Villa María llegó a la propuesta por recomendación de su profesora de canto, Daisy Giordano, quien le compartió su propia experiencia dentro del espacio. La posibilidad de participar significó para Fiuri un desafío poco habitual: llevar un proyecto musical a un ámbito tradicionalmente asociado al desarrollo de emprendimientos y empresas.

“Fue bastante rara la situación de ir con un proyecto musical y pensarte quizás desde ese lugar, no solo como artista”, explicó.

Sin embargo, encontró allí herramientas que consideraba necesarias para avanzar en su carrera. La planificación financiera, la organización de objetivos y la construcción de un plan de acción comenzaron a ocupar un lugar cada vez más importante dentro de un proyecto que, hasta el momento, se había desarrollado principalmente desde la autogestión.

Música, planificación y negocios: Santiago Fiuri apuesta a profesionalizar su proyecto artístico
“Me estoy haciendo amigo de esa idea de que también soy gestor de mi propio sueño”, resumió el artista.

Ser artista y también gestionar el propio proyecto

Fiuri desarrolla su actividad musical desde hace varios años y actualmente trabaja como solista, en formato de trío y junto a una banda. Durante este año, además, llevó su música a Chile y Paraguay, realizó presentaciones en el sur argentino y Buenos Aires y participó de conciertos en Villa María.

Ese crecimiento también lo llevó a comprender que el desarrollo artístico necesita una estructura detrás.

“En el camino independiente todo pasa por uno”, señaló. En ese sentido, reconoce que en los últimos años debió aprender a asumir diferentes roles: el del músico que crea y propone canciones, pero también el de quien gestiona oportunidades, organiza propuestas y toma decisiones para hacer crecer el proyecto.

La figura del “automanager”, como él mismo la define, aparece así como una de las claves de esta nueva etapa. Se trata de aprender a gestionar el propio sueño sin dejar de lado la identidad artística.

Para Fiuri, uno de los principales aportes de la Incubadora fue justamente ordenar ideas que ya estaban presentes, pero que necesitaban una estructura. 

“Me doy cuenta de que me falta data, y a veces es data que uno ya tenía aprendida: el orden. Tener ordenados los sueños que uno tiene, los proyectos, las propuestas y también el paso a paso para conseguir eso”, expresó.

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Fiuri menciona la figura de «automanager», resumiendo el concepto de «aprender a gestionar el propio sueño sin dejar de lado la identidad artística».

Una carrera que busca seguir ampliando horizontes

La primera parte del año dejó experiencias significativas para el artista. Presentarse en otros países fue, según relató, uno de los sueños que pudo concretar a través de la música.

Las actuaciones en diferentes ciudades y formatos también le permitieron ampliar su red de contactos y pensar nuevas oportunidades. Pero, al mismo tiempo, el presente representa una instancia para detenerse, analizar el camino recorrido y proyectar los próximos pasos.

Esa pausa estratégica es, precisamente, una de las cuestiones que comenzó a trabajar con mayor profundidad. Más allá de continuar creando y tocando, el desafío pasa por definir objetivos concretos y construir las condiciones necesarias para alcanzarlos.

“Me estoy haciendo amigo de esa idea de que también soy gestor de mi propio sueño”, resumió el artista.

En la Incubadora, además, pudo vincularse con emprendedores de otros sectores y descubrir que, aunque los proyectos sean diferentes, muchas veces enfrentan necesidades similares: planificación, financiamiento, comunicación, organización y generación de nuevas oportunidades.

También destacó el acompañamiento de las mentorías, que le permitieron acceder a otras miradas sobre su carrera y salir de la dinámica cotidiana del ambiente artístico.

La experiencia de Tokio Estudio y una mirada compartida

La entrevista también contó con la participación de Esteban Belletti, músico y propietario de Tokio Estudio, quien aportó su propia experiencia sobre los desafíos de construir una carrera vinculada a la música.

Con más de dos décadas de trayectoria dentro del sector, Belletti identificó en el camino de Fiuri situaciones similares a las que atravesó al comenzar su propio recorrido. 

Según explicó, uno de los principales desafíos para los artistas es incorporar una mirada vinculada a la inversión, la planificación y la sustentabilidad económica de sus proyectos.

“Hay que desarrollar una cabeza empresarial, de negocios, de números”, sostuvo, aunque remarcó la importancia de hacerlo sin perder la esencia del artista.

Para Belletti, ambas dimensiones no son incompatibles. Por el contrario, considera que la sensibilidad, la intuición y la creatividad pueden convivir con herramientas más racionales vinculadas a la gestión.

“Esa combinación implica pensar también en la imagen, la propuesta estética, la comunicación y la forma en que un proyecto artístico se presenta ante el público. Hay que pensar en un concepto”, planteó, en referencia a la necesidad de construir una propuesta integral.

Desde su experiencia como músico y emprendedor, también destacó la importancia de invertir y apostar por la calidad. Actualmente, Tokio Estudio representa una de sus principales actividades profesionales y continúa incorporando mejoras para fortalecer su propuesta dentro de la industria musical local.

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Fiuri viene trabajando junto a Esteban Belletti, músico y propietario de Tokio Estudio, quien tiene más de dos décadas de trayectoria dentro del sector.

La necesidad de fortalecer el ecosistema cultural

Más allá del crecimiento individual de cada artista, Fiuri planteó la necesidad de generar mayores herramientas para quienes desarrollan proyectos culturales y creativos.

Actualmente vive exclusivamente de la música, una realidad que, según reconoció, presenta importantes desafíos. En ese contexto, considera fundamental multiplicar experiencias como la de la Incubadora y generar espacios de capacitación orientados específicamente al sector cultural.

“La posibilidad de contar con herramientas básicas de gestión, planificación y financiamiento podría contribuir a que más proyectos artísticos puedan desarrollarse y alcanzar nuevos mercados”, puntualizó Santiago.

La reflexión también abre una oportunidad para pensar en el vínculo entre el sector empresarial y la cultura. Belletti, por su parte, destacó la importancia de que empresas y organizaciones acompañen proyectos artísticos a través de “patrocinios y alianzas estratégicas”.

“Los artistas pueden ofrecer diferentes espacios de visibilidad a quienes apoyan sus iniciativas, desde presentaciones en vivo hasta contenidos audiovisuales y acciones de comunicación. Pero, además, ese acompañamiento puede contribuir al desarrollo de la cultura local’, explicó.

En el caso de Santiago Fiuri, la experiencia en la Incubadora representa un paso hacia esa nueva forma de entender su carrera: seguir siendo el artista que crea, canta y sube al escenario, pero incorporando también las herramientas necesarias para transformar ese proyecto en una propuesta cada vez más sólida y sostenible.

El desafío, ahora, será encontrar el equilibrio entre ambas dimensiones. Entre la canción y la planilla, entre la sensibilidad y la estrategia. Con un objetivo claro: que la música pueda seguir creciendo, pero con una estructura capaz de acompañar ese crecimiento.

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