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Villa María |

martes 16, abril 2024
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Suman 39 años de trayectoria, ventas en 10 provincias y se agrandan en Villa María

Romanelli Calzados apostó a ampliarse más allá del contexto adverso que atraviesa, como tantos otros rubros, por la pandemia. “Creemos que el día después de la crisis suele ser un momento brillante”, afirmó Alberto, titular de la empresa.

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Romanelli Calzados, empresa local con 39 años de trayectoria, acaba de inaugurar la ampliación de su local en Mendoza 1270-1278.

La firma, que encabeza Alberto Romanelli, hace 22 años que está en el mismo lugar. ¿Por qué invertir y encarar un proyecto de crecimiento en este contexto? “Por qué se lo debíamos a la ciudad. Villa María nos ha tratado muy bien. Esta es una empresa familiar y sentimos que teníamos que dar este paso. Que en realidad estaba pensado para el año pasado pero bueno, con esto de la pandemia se demoró un poquito”, señaló el fundador de la marca, nacido en Olivos, Buenos Aires.

El salón sumó más comodidad y se permitirán dedicar un sector para la venta al público y otro enfocarlo para la atención mayorista. Para eso, tumbaron paredes, cambiaron la vereda, luminaria, alfombras, restauraron puertas, entre otras tantas cosas que se aprecian a simple vista desde el flamante frente.

Como a muchos rubros, la pandemia afectó fuertemente las ventas de la empresa. En un contexto de normalidad, Romanelli vende entre 6 mil y 7 mil pares de zapatos por temporada de invierno; y entre 8 mil y 9 mil de verano. Todo eso en 10 provincias.

“Sin dudas que la pandemia afecta. Sobre todo, porque el zapato es algo que fundamentalmente hay que probarlo. Podes verlo muy lindo en una foto, pero querés saber cómo te calza”, explicó Alberto, quien igualmente confió que “tratamos de acomodarnos lo mejor posible, trabajando con las redes y demás”.

En ese aspecto, ponderó que fue importante la presencia de Sofía, su hija, quien está involucrada en la empresa desde hace un tiempo “y aportó modernidad y le trajo aire fresco a Romanelli”.

Lo importante en Alberto es la visión de que todo va a mejorar. “No bajamos los brazos”, aseguró y analizó: “Creemos que el día después de la crisis suele ser un momento brillante. Ya lo vivimos en el 90, en el 2001, en otras crisis un poco más chicas. Es como que después de esa noche oscura viene un amanecer fantástico, y a eso le apostamos. Para eso hay que estar preparado”.

También contó que actualmente el ritmo de ventas va de la mano con las estadísticas de los contagios: “Si sale que hubo muchos casos, mucha gente fallecida, baja la venta; cuando parece que va bajando el número de contagios, se empieza a mover”.

“Ahora mi hija se está haciendo cargo, yo me estoy retirando de a poco. Ella me lo pidió, tengo 3 hijas y a la más chica le picó el bichito y lo hace mucho mejor que yo. Le puso un viso de modernidad, de actualización, le trajo un aire fresco a la empresa”.

De familia, zapateros

Con orgullo, Alberto considera que Romanelli logró, con el paso de los años “que la gente relacione nuestra marca con un tipo de producto y una calidad”.

En su momento, hace 39 años, creó la empresa “casi sin darnos cuenta” en un contexto en el que, asegura, “Villa María tuvo tradicionalmente buenas zapaterías y muy buenas fábricas”.

“Nosotros fuimos dando pasitos todos los días. Fue una cosa muy lenta y asentada en el tiempo. Y un día nos encontrábamos que teníamos esto”, recordó.

No fue casualidad que haya decidido emprender en el rubro Zapatería. “Venimos de familia de zapateros. Mi hija va a ser la quinta generación de zapateros. Mi padre, en Buenos Aires, tenía una zapatería, mi abuelo, y mi bisabuelo también tenían este oficio”, sostuvo Alberto, quien luce con mucha honra en una de las paredes de su negocio una antigua foto de su papá en su vieja zapatería porteña. “También todo lo que hacemos, es en homenaje a él”, confesó.

Cuando se lo consulta sobre por qué cree que tuvo éxito en un mercado tan competitivo como el calzado y vendiendo desde una ciudad del interior del interior, Alberto analiza y responde que “nosotros le apuntamos mucho al cliente de ciudades no capitales, que se le hace muy difícil ir a comprar a Buenos Aires porque le exigen determinados volúmenes de compra, condiciones, y demás”.

También, remarcó, la relación y el trato fueron fundamentales: “Esto trajo una relación muy linda con los clientes del interior. Nosotros no les pedimos nada en especial, si me piden un par se lo mando, si están de paso por la ciudad se los atiende, es una relación muy personal de muchos años… Digamos que ubicamos un nicho”.

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