La Universidad Nacional de Villa María (UNVM) se posiciona nuevamente en el centro de la innovación científica aplicada con un desarrollo que busca dar respuesta a una problemática creciente: la contaminación de suelos agrícolas por agroquímicos.
A través del uso de biocarbones, un equipo de investigación avanza en una tecnología que podría transformar la forma en que se abordan estos impactos ambientales.
El proyecto es llevado adelante por el Instituto de Ciencias Básicas y Aplicadas y está liderado por la doctora Noelia Urseler, junto a docentes y estudiantes de la carrera de Agronomía.
La iniciativa cuenta además con el acompañamiento de la empresa BioA S.A., lo que abre la puerta a una futura transferencia tecnológica hacia el sector productivo.
Un doble mecanismo para combatir la contaminación
El eje del desarrollo radica en la combinación de dos estrategias: por un lado, el aprovechamiento de residuos agroindustriales; por otro, el uso de microorganismos con capacidad de degradar contaminantes.
“Podríamos decir que el microorganismo actúa como el ‘medicamento’ y el biocarbón como el vehículo”, explicó Urseler, sintetizando el concepto detrás de la tecnología.
El proceso comienza con la generación de biocarbones a partir de materiales como rastrojo de trigo y cáscaras de girasol y maní. Estos residuos son sometidos a pirólisis, un tratamiento térmico sin oxígeno que produce un material altamente poroso, con gran capacidad de absorción.
Sobre ese biocarbón, el equipo inmoviliza un microorganismo previamente aislado por el propio grupo de investigación, capaz de degradar la atrazina.
De este modo, se logra un sistema con doble acción: mientras el biocarbón retiene el herbicida, la bacteria lo transforma en compuestos no tóxicos.

De la detección al desarrollo de soluciones
El proyecto tiene su origen en investigaciones previas del equipo, que habían identificado la presencia de atrazina en distintas matrices ambientales, incluyendo aguas superficiales y subterráneas.
A partir de ese diagnóstico, surgió la necesidad de avanzar hacia soluciones concretas de remediación.
Hasta el momento, las pruebas se realizaron en laboratorio, donde se comprobó la estabilidad y efectividad del sistema en medios líquidos.
El siguiente paso será evaluar su desempeño en suelos mediante ensayos controlados a pequeña escala, conocidos como microcosmos, antes de avanzar hacia pruebas en campo.
Potencial productivo y escalabilidad
La articulación con BioA S.A. resulta clave para proyectar la aplicación de esta tecnología en sistemas productivos reales.
En un contexto donde la sustentabilidad gana peso en la agenda agroindustrial, este tipo de desarrollos ofrece herramientas concretas para reducir el impacto ambiental sin resignar productividad.
Además, el equipo anticipa que los biocarbones podrían adaptarse en el futuro para capturar otros contaminantes, como metales pesados o diferentes agroquímicos, ampliando así su campo de aplicación.
Ciencia con impacto y articulación institucional
El proyecto fue seleccionado en la convocatoria PEIDI, orientada a iniciativas con potencial de transferencia tecnológica, y cuenta también con la colaboración de la Universidad Nacional de Córdoba y del INFIQC.
“Trabajar con el sector productivo es fundamental para transformar el conocimiento en desarrollos que generen impacto”, concluyó Urseler.
Con este avance, la UNVM refuerza su rol como generadora de soluciones concretas para el entramado productivo, apostando a una innovación ambiental que combina ciencia, sustentabilidad y transferencia tecnológica.







