Dos científicas de la Universidad Nacional de Villa María dieron un paso poco frecuente en el ámbito académico: transformar una investigación en una startup biotecnológica con potencial internacional.
Se trata de Paula Isaac y María Laura Breser, quienes, junto al CONICET, desarrollaron una tecnología orientada a combatir infecciones bacterianas y reducir el uso de antibióticos.
El proyecto derivó en la creación de Resistia, una empresa de base científica que ya comenzó su proceso de escalamiento.
De un laboratorio a una oportunidad de negocio global
El salto se concretó tras ser seleccionadas por GridX, una aceleradora internacional que identifica desarrollos científicos con alto potencial y los transforma en startups tecnológicas.
A partir de ese proceso de incubación, el equipo logró reconvertir años de investigación en una propuesta con impacto comercial. “Estábamos mucho más cerca de lo que creíamos de transferir la tecnología”, señalaron.
Además del acompañamiento estratégico, la aceleradora —presidida por Miguel Galuccio— aportó financiamiento, mentoría y vinculación con inversores, claves para proyectar el desarrollo a escala global.
Una solución innovadora frente a la resistencia antimicrobiana
El eje del desarrollo de Resistia está en atacar un problema crítico: la resistencia antimicrobiana, considerada una de las mayores amenazas para la salud a nivel mundial.
La tecnología se basa en intervenir sobre los biofilms bacterianos, estructuras que actúan como barreras protectoras frente a los antibióticos y dificultan los tratamientos tradicionales.
La propuesta consiste en desarrollar soluciones biológicas capaces de romper esos biofilms y combinarlas con compuestos antimicrobianos, logrando así una mayor eficacia en el tratamiento de infecciones.
“Encontrar alternativas para reducir el uso de antibióticos es clave para evitar la generación de bacterias resistentes”, explicaron desde el equipo.
Un desarrollo con origen en la producción y proyección en salud humana
El proyecto tiene su origen en investigaciones del IMITAB, donde inicialmente se abordó la mastitis bovina, una de las principales enfermedades en tambos y causante de pérdidas productivas en la industria lechera.
A partir de ese conocimiento, las investigadoras ampliaron el enfoque hacia soluciones aplicables no solo en salud animal, sino también en salud humana.
Este cambio de escala fue clave para posicionar el desarrollo dentro de una problemática global y aumentar su potencial de mercado.
Articulación público-privada y nacimiento de una empresa tecnológica
Uno de los diferenciales del proyecto es la articulación entre ciencia y negocio.
Durante el proceso de incubación, el equipo sumó un socio con perfil empresarial, integrando capacidades científicas y de gestión para consolidar la estrategia de crecimiento.
Además, mediante un convenio de cooperación, la Universidad Nacional de Villa María continúa acompañando el desarrollo, permitiendo el uso de laboratorios y equipamiento científico.
Este esquema permitió que Resistia se convierta en la primera empresa de base tecnológica con sede en una universidad del interior cordobés, marcando un hito para el ecosistema emprendedor regional.
Del tubo de ensayo al impacto real
El objetivo ahora es avanzar en el desarrollo de la tecnología para su aplicación concreta en distintos sectores.
“Siempre soñamos con que nuestras investigaciones pudieran tener una transferencia directa, que lo que nace en un tubo de ensayo se convierta en una solución concreta que mejore la calidad de vida”, destacó la decana Carolina Morgante.
El caso de Resistia refleja una tendencia creciente: la transformación del conocimiento científico en empresas con impacto económico, productivo y social.
Y también posiciona a Villa María como un punto emergente en el mapa de la innovación biotecnológica.







