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lunes 25, septiembre 2023
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Emprendedor adolescente: El villamariense que creó su empresa a los 15 años

Stefano Levrino tuvo una idea durante la pandemia. Empezó haciendo un producto con su impresora 3D, y a los pocos meses había comprado otra y alquilado dos más. Como la demanda crecía, industrializó el proceso y multiplicó la producción. ¿Cómo está su proyecto hoy, con 17 años y a punto de terminar la secundaria?

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A sus 15 años, Stefano Levrino se convirtió en emprendedor. Creó un producto que, al día de hoy, aún vende a varias provincias desde Villa María.

Esto le permitió aprender muchas cosas, ganar dinero, y experimentar lo positivo y lo negativo de emprender.

¿Cómo tomó decisiones? ¿Cómo hizo para invertir? ¿Cómo logró industrializar su proceso de fabricación?

A punto de terminar la secundaria, con 17 años, respondió todo a Mundo Empresas y contó cómo fue la experiencia y cómo marcha el proyecto hoy.

¿Cómo lo hizo?

Corría 2020 y Stefano era un adolescente más padeciendo la pandemia en Villa María.

Había comenzado cuarto año y, a las pocas semanas, comenzaron a regir las medidas de restricción que obligaban a quedarse en casa.

Se pasaba mucho tiempo mirando series con el celular en la mano. Esta simple situación fue la desencadenante de todo lo que vendría después.

“Se me cansaba la mano, entonces imprimí un soporte para el celular con mi impresora 3D. Me descargué varios modelos, pero ninguno me era funcional del todo. Entonces terminé diseñando uno, con lo mejor de cada soporte”, recordó.

Los soportes de Stefano se venden en distintos puntos de Córdoba e, incluso, en otras provincias.

Fue su mamá quien, al observar lo que había hecho, le planteó que era algo que podría servirle a alguien más, en un momento en donde la mayoría de las cosas, como trabajo y clases, se hacían con el celular.

“Entonces imprimí unos soportes y los llevé a un local de accesorios para celular. Me los compraron, a la semana vendieron 10”, contó sobre lo que podría decirse que fue su primera venta.

Empezar a crecer

Transcurrieron apenas cuatro meses y Stefano había comprado otra impresora 3D y alquilado otras dos.

Esto, porque la demanda de su producto seguía creciendo, pero el proceso de fabricación con estos dispositivos es lento.

Demoraba unas 6 horas para hacer un soporte en cada impresora. Más allá de que su emprendimiento crecía, reconoció que no se le había ocurrido dar “un paso más” que las cuatro impresoras 3D que tenía en su casa.

Esto, hasta que un conocido del pueblo de su mamá, donde también vendía sus soportes, le planteó la idea de producir en escala.

Este inquieto emprendedor adolescente hizo lo que hacemos muchos ante situaciones desconocidas: Buscar en internet.

Así encontró el proceso de inyección de plástico, que permite abaratar costos y multiplicar la producción.

Stefano, con 15 años, y el primer soporte inyectado en plástico que hizo.

Junto a su padre, fueron a conocer la fábrica villamariense JuntaMas Plásticos, cuyo proceso de fabricación incluye inyectoras.

Convencido, ahora había que decidir invertir: “Yo tenía 500 dólares ahorrados y necesitaba 2500, entonces le ofrecí a mis viejos asociarnos e hicimos un plan de devolución del dinero que me prestaran”, expresó con la firmeza de alguien mayor, ante la situación que afrontó a los 15 años.

Así desarrolló la matriz y empezaron a producir en serie. “Logramos abaratar mucho la producción y tener más colores”, destacó.

Lo difícil: Vender y volver a clases

De esa forma, su proyecto ya había tomado otra dimensión. Pasó de obtener un soporte cada seis horas con una impresora 3D, a fabricar en forma tercerizada uno por minuto.

De todas maneras, Stefano reconoció que vender “nos costó mucho” y que lo intentaron varias veces, en distintas ciudades, con su papá.

Stefano decidió compartir su historia emprendedora en las redes sociales, donde está teniendo gran éxito. En Tik Tok, por ejemplo, tiene videos que superan las 700 mil reproducciones. “Esto me permitió ponerme en contacto con muchos jóvenes de mi edad de todo el país que están en la misma que yo”, resaltó.
@stefanolevrino

4️⃣ Parte: hago un soporte para celular con mi impresora 3d

♬ SUN GOES DOWN – Andreas Roehrig

Fue en Rosario donde consiguieron a su mejor cliente, y entendió que debían apuntar directamente a la venta mayorista.

“Íbamos con la idea de quedarnos dos días vendiendo, pero a las horas de haber llegado, fuimos a un negocio donde estaba el dueño y nos dijo que nos compraba todo lo que tuviéramos. Hoy sigue siendo uno de los clientes que más nos compra”, indicó.

A esto, le sumó también un vendedor que viaja a distintos puntos del país.

La historia de este precoz emprendedor transcurrió en pandemia, cuando las clases eran virtuales. “Cuando tuve que volver a clases no le pude dar tanta bola para seguir creciendo”, lamentó.

Hoy continúo con el proyecto, pero más tranqui. Los contactos quedaron y sigo con esos. No le puedo dedicar más tiempo. Pero me permitió ganar plata y aprender”, valoró.

Stefano fue emprendedor incluso antes de este auspicioso proyecto. Había vendido llaveros personalizados también impresos en 3D años antes.

Reflexiones de un emprendedor adolescente

Stefano, con 17 años y cursando los últimos días de la secundaria, es crítico del sistema educativo, al cual considera, como muchos, “obsoleto”.

Me costaba mucho hacer el emprendimiento y estar en el colegio al mismo tiempo. Y era muy frustrante ver que las cosas que aprendía en el colegio no me ayudaban en nada para el emprendimiento, ni para lo que yo proyectaba para mi futuro”, analizó.

“Tuve épocas muy de bajón en la escuela, muy desmotivado. Siento que el sistema está obsoleto. Porque a su vez yo aprendía por mi cuenta en internet lo que me interesaba y lo que necesitaba”, insistió.

Stefano dice que aprendió mucho, pero que «emprender desde joven es un arma de doble filo».

Es por ello que ya decidió que los próximos pasos que dará en materia de educación, serán virtuales y sobre temas concretos que considera que le pueden servir para lo que pretende hacer.

Se básicamente que quiero emprender, no sé en qué. Y con el tema del emprendimiento de soportes para celulares me di cuenta que me costó mucho la venta. Entonces voy a empezar con Marketing”, adelantó.

También confesó que “emprender desde joven es un arma de doble filo”.

En ese sentido, Stefano planteó que “es un poco estresante, no lo voy a romantizar todo, da ansiedad, estrés”.

Esto, “principalmente porque pienso en querer independizarme económicamente lo antes posible; mi idea es de acá a un año y medio poder mantenerme solo, y por ahí por ese lado me genera ansiedad”.

“Imagino poder asociarme con personas de diferentes rubros para abrir diferentes empresas. Así que esa es un poco mi idea”, cerró.

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