Villa María |

viernes 19, agosto 2022
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Mharnes: El tambo que se convirtió en un polo tecnológico ejemplar

La familia Giraudo apostó por la inversión en tecnología para dar un impresionante salto en la cantidad y calidad de leche que generan desde Villa María. Hacen foco en el bienestar animal y el cuidado del medioambiente.

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“Creo que mi viejo estaría orgulloso de esto”. Pablo Giraudo, junto a su hermano Gabriel, están al frente de Mharnes, un tambo que es ejemplo en bienestar animal e innovación tecnológica.

En el sector periurbano de Villa María, su padre Néstor y sus tíos Héctor y Norberto desarrollaban esta actividad desde 1985. En 2016, el fallecimiento de Néstor y Norberto los puso ante el desafío de continuar con el legado.

Sin lugar a dudas, han conseguido honrar la memoria de quienes iniciaron el proyecto. Se convirtieron en un polo lechero donde los avances tecnológicos permitieron eficientizar al máximo cada proceso y el resultado final: cantidad y calidad de leche. Todo esto, además, cuidando el medioambiente.

Robots para el ordeñe, alimentadores automáticos de terneros, automatización en el arrime de alimento, son algunas de las tantas innovaciones que aplican diariamente y que se pueden observar a simple vista.

Pablo Giraudo acompañó a Mundo Empresas en un recorrido por las instalaciones. Es que, las puertas de este establecimiento familiar están abiertas para todos y no es casualidad.

Ubicados en el periurbano de Villa María, poseen el equipo de generación privado de energía solar mas grande de la provincia.

“En 2016, sinceramente, yo no sabía lo que era una vaca. La gente me ayudó mucho y yo tengo el mismo compromiso con intentar ayudar en lo que pueda a quien quiere venir a conocer”, confesó.

Por ello, es común ver delegaciones de estudiantes, ya que son campo experimental de la Universidad Nacional de Villa María. También reciben a productores locales y de otros países frecuentemente.

Una gran apuesta

Prácticamente no hay un solo proceso o tarea que no esté atravesado por la tecnología en Mharnes.

Desde la estación fotovoltaica, que es una de las más grandes de toda la provincia de Córdoba, hasta el seguimiento diario e individual de cada animal.

Todo tiene un componente tecnológico que llegó al realizar una colosal inversión.

Los resultados que obtienen están a la vista. “Nosotros pasamos de 18 litros promedio por vaca en 2019, a 34 litros el año pasado”, destacó Pablo, quien adelantó que “nuestro objetivo es llegar a 40 litros en cinco años”.

Incluso, “también logramos reducir muchísimo la mortandad en terneros”.

En un sistema confinado con camas de compost tienen un total de 1500 animales, 570 en ordeñe y generan 20 mil litros diarios de leche, que trasladan a Ana Zumarán, donde la familia tiene su propia fábrica de productos lácteos bajo la firma Duy Amis.

El círculo productivo cierra en Don Emilio, donde comercializan esa producción. Todo ello, conforma el Grupo Don Emilio.

¿Cómo llegaron a esto? “Teníamos 4 tambos en la zona, tres alquilados y este que era nuestro de toda la vida. Al fallecer mi padre y mi tío, arrancamos con la idea de unificar todo para que fuera más fácil. Eso requería inversión”, narró Pablo.

Para esto, observaron, recorrieron, estudiaron, hicieron cursos, giras por el país y el exterior.

“Nos abrieron muchas puertas. Y yo soy muy allegado a la tecnología por mi carrera, soy Analista en Sistemas, es algo que siempre está en mi cabeza”, reconoció.

Así es que tomaron la decisión de cambiar el paradigma del tambo tradicional que tenían, invertir y dotar de tecnología el proyecto.

“Está pensado en el confort animal y el de las personas que trabajan acá. Toda la vida el tambo, tradicionalmente, se hizo a las 3 o 4 de la mañana. Hoy la vaca va al robot de ordeñe cuando quiere, en los horarios que quiere, de acuerdo a sus necesidades”, ejemplificó.

Es impresionante observar, por ejemplo, cómo mientras la vaca se ordeña, el sistema arroja en tiempo real un informe con datos -promedios y en el momento- sobre el animal, su leche, su estado de salud, historial, entre otras cosas.

“El confort de la gente también es primordial. Eso permite que se pueda conseguir mano de obra quizás no tan calificada pero que puedan aprender porque son procesos que son sencillos”, puntualizó y dio a conocer que unas 50 personas, en forma directa e indirecta, se desempeñan en el tambo.

Planificando lo que viene

Si algo caracteriza a la familia Giraudo es el permanente deseo de superarse y seguir creciendo. Por eso, ya están planificando la siguiente inversión que, como no podía ser de otra manera, será también en tecnología.

En poco más de un año prevén incorporar desde Holanda un “sistema automático de mixer”, algo único a nivel Sudamérica.

“Son garras que preparan la comida y la sirven en un robot. Pasa uno haciendo una lectura del comedero y le da la orden a otro para que salga a repartir”, explicó y describió que “reparte 10 veces por día, es decir, les da comida fresca todo el día”.

Según subrayó, solo tres tambos en Sudamérica estuvieron visitando la empresa holandesa para sumar esta tecnología que “da muy buenos resultados en sanidad, reproducción y en un montón de cosas, como permitir reducir los errores humanos”.

Además, destacaron que el proyecto fue concebido para mil vacas en ordeñe “por lo que de a poco iremos aumentado el número hasta llegar a eso”.

La presencia de estudiantes en Mharnes es permanente, son campo experimental de la UNVM.

Socialmente comprometidos

Desde que se planificó el proyecto “se hizo con base en el compromiso social que tenemos”, afirmó Giraudo.

“Desde un arranque, empezamos invirtiendo más bajo tierra que sobre tierra, para poder hacer todo lo referido al tratamiento de efluentes”, apuntó.

En Mharnes tienen lagunas totalmente impermeabilizadas donde se mide en forma permanente la contaminación en napas antes, en la mitad y después del tambo, “chequeando todo el tiempo que no haya filtración”.

Además, también retienen el agua de lluvia en lagunas para luego utilizarla, por ejemplo, en el riego.

“Queremos convivir con la sociedad y que esto sea algo lindo para mostrar y para toda la gente que quiera visitarlo, queremos que la gente se sienta orgulloso de este polo”, enfatizó.

De hecho, dejó entrever que la intención es hacer del campo un lugar de recreación, con más animales y con un fin lúdico, para recibir a toda la ciudad.

Un seguimiento individual

Abel Aristimuño, ingeniero agrónomo a cargo del establecimiento, dio un ejemplo detallado del tipo de seguimiento que realizan sobre cada animal, mediante el uso de collares con sensores.

“Nos permite ver la actividad en general. Cuánto rumea, cuánto come por día, mide jadeo, entre otras cosas y en base a esos parámetros, poder analizar el estado de salud en general”, explicó.

En el ingreso al campo, los hermanos Giraudo homenajearon al su padre, Néstor.

“Esto permite dejar de tratar a nivel grupal las vacas, que es lo que se hace en tambos sin esta tecnología. Acá se trata a cada vaca individualmente”, destacó el profesional.

También aclaró que que “ese seguimiento individual de su estado de salud impacta directamente en la calidad de la leche”.

“Toda información recabada se agrega a los algoritmos para poder ir más profundo en cuanto a lo que podemos saber de las vacas y, en base a eso, tomar decisiones”, indicó Aristimuño.

Hizo referencia, a su vez, a los importantes calores que se dan en el verano “donde podemos saber cuánto es necesario refrescar a las vacas, ya que el estrés calórico impacta directamente en la cantidad de leche que dan”.

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