El Centro Tecnológico Agropecuario (CTA), una empresa de Hernando, logró desarrollar prototipos de vajilla biodegradable a partir de cáscara y tegumento de maní, dos subproductos de la industria manisera que podrían convertirse en materia prima para nuevos desarrollos industriales.
La iniciativa se llevó adelante en colaboración con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), mediante el programa Voucher de Innovación Colaborativa de la Agencia Innovar y Emprender.
Aunque el objetivo inicial era fabricar vajilla biodegradable, las investigaciones permitieron descubrir un potencial mucho más amplio: los mismos materiales podrían utilizarse para producir envases, paneles de revestimiento, muebles y otros elementos destinados a diferentes industrias.
El proyecto representa una oportunidad para agregar valor a subproductos de una de las principales cadenas agroindustriales de Córdoba, mediante el desarrollo de nuevos materiales y aplicaciones vinculadas con la economía circular.
Del residuo de maní a nuevos materiales industriales
El trabajo comenzó con el desafío de aprovechar dos componentes que se generan durante el procesamiento del maní: la cáscara y el tegumento, la fina piel que recubre el grano.
A partir de la vinculación con especialistas del INTI y la UNVM, la empresa avanzó en el estudio de estos materiales, el desarrollo de distintas formulaciones y la elaboración de prototipos de vajilla biodegradable, sobre los cuales se realizaron pruebas para analizar sus propiedades.
Sin embargo, a medida que progresó la investigación, surgieron nuevas alternativas que ampliaron las posibilidades del proyecto.
“Lo más interesante fue descubrir que hay toda una variedad de productos que se pueden crear, no solamente la vajilla que nosotros pensamos, sino también productos para la construcción en seco, para fabricar muebles o diferentes tipos de estructuras”, explicó Matías Stuyck, jefe de Sistemas y coordinador de Innovación de CTA.
Entre las aplicaciones identificadas aparecen envases primarios y secundarios, paneles de revestimiento y elementos de mobiliario, que podrían abrir nuevas oportunidades comerciales a partir del aprovechamiento de estos subproductos.
De esta manera, el desarrollo dejó de estar limitado a un producto específico y comenzó a proyectarse como una alternativa para abastecer de materiales a distintas actividades industriales.
La vinculación con la UNVM y el INTI
Uno de los aspectos centrales del proyecto fue la articulación entre el conocimiento productivo de CTA y las capacidades científicas y tecnológicas de las instituciones participantes.
Esta colaboración permitió a la empresa explorar posibilidades que estaban fuera de su actividad habitual, incorporar conocimientos y evaluar técnicamente nuevos usos para los subproductos del maní.
“Empezamos a interactuar con otros actores y a descubrir las posibilidades de lo que hacemos nosotros”, señaló Alberto Giordano, jefe de Proyectos de CTA.
Según explicó, el proceso permitió identificar alternativas y obtener información para pensar una siguiente etapa de desarrollo.
“Ahora falta la otra parte comercial y otro desafío, pero como experiencia fue muy positiva”, agregó.
La experiencia también puso de manifiesto el potencial de la vinculación entre empresas y organismos de investigación para transformar desafíos productivos concretos en oportunidades de innovación.
Un programa que permitió explorar nuevos negocios
El desarrollo fue posible a través del Voucher de Innovación Colaborativa, una herramienta de la Agencia Innovar y Emprender que busca facilitar la vinculación entre empresas y actores del sistema científico-tecnológico.
En CTA destacan que el programa no solo aportó financiamiento, sino también acompañamiento técnico, mentorías y contactos que permitieron avanzar en un proyecto alejado de su actividad tradicional.
María José Díaz, jefa del Sistema Integral de la Calidad de la empresa, describió la experiencia como una oportunidad para ampliar la mirada sobre el negocio.
“Nos están abriendo la cabeza. A lo mejor, si hubiera sido por voluntad propia, no sé si se nos hubiera ocurrido meternos en otro lugar, salir de nuestra área, del proceso y la exportación”, expresó.
La directiva también consideró que la innovación responde a nuevas exigencias de los mercados, que impulsan a las empresas a explorar alternativas productivas y desarrollar soluciones con mayor valor agregado.
Por su parte, Giordano destacó la importancia de que otras compañías se animen a recorrer caminos similares.
“Que se animen, porque realmente te saca de la zona de confort y te hace pensar desde otro ángulo”, sostuvo.
El próximo desafío: encontrar socios para producir y comercializar
Con los primeros prototipos desarrollados y nuevas aplicaciones identificadas, CTA busca avanzar hacia una etapa productiva y comercial que permita transformar los resultados de la investigación en oportunidades concretas de negocio.
La estrategia no necesariamente contempla que la empresa fabrique los productos finales, sino que pueda integrarse a nuevas cadenas de valor como proveedora de materia prima procesada.
Para eso, el próximo paso será encontrar empresas que cuenten con capacidad industrial, conocimiento de los mercados y canales de comercialización.
“Ahora tenemos claro que el aliado que necesitamos es un aliado de negocio”, explicó Stuyck.
Esta alternativa permitiría aprovechar la experiencia de CTA en la actividad manisera y complementarla con las capacidades de otras industrias interesadas en desarrollar productos a partir de materiales de origen vegetal.
El proyecto se encuentra así ante una nueva etapa, en la que deberá evaluarse la viabilidad productiva y comercial de las aplicaciones identificadas, luego de haber demostrado la posibilidad de obtener prototipos a partir de los subproductos del maní.
Para la empresa, la experiencia también dejó un aprendizaje sobre el valor de la innovación colaborativa.
“Vale la pena totalmente por los contactos, la experiencia y por la oportunidad real de negocio”, concluyó Stuyck.





