“Todo lo que consumimos tiene una repercusión en nosotros. Cada acción tiene su reacción, por lo que, siguiendo este principio, si conectamos con nuestras sensaciones corporales podemos elegir que ingrese a nuestro sistema sólo aquello que lo potencie e ilumine”.
Esa la premisa desde la que surge Madre Montaña, un proyecto de cosmética natural de Villa María y con presencia en otros puntos del país.
Su creadora, la ingeniera en alimentos Marilina Ruiz, contó que en el 2016 comenzó a cambiar sus hábitos.
Empezó por incorporar una dieta vegetariana, pero luego sintió que “muchos productos” que utilizaba “no eran buenos”.
“Siempre mi orientador fue el olfato, sentir que un producto era muy fuerte y me daba picazón en la nariz. Entonces, decidí probar alternativas naturales y fui haciéndome mis propios productos”, recordó Marilina.
Agregó que “al principio, no tenía experiencia, fui investigando y experimentando en cosas básicas, luego comencé a profesionalizarme”.
A su vez, precisó que “la experiencia y el contacto con el producto” fueron sus “indicadores”.
“A partir de lo que mi cuerpo iba sintiendo, corroboraba si era el camino correcto o no”, contó.
“Además, comencé a hacer naturismo para que sea todo coherente y haya una relación entre cuidar y hacer ecología con cada órgano, tanto interno como externo”, relató la también profesora de yoga.
Así es que, definió, “Madre Montaña es el resultado de todos estos cambios”.
“Fui complementando todos los productos de mi higiene personal y cuando estuve segura de que realmente daban buenos resultados los empecé a compartir con la familia más cercana”, explicó la emprendedora.
Satisfacer distintas necesidades
Después de unos años de experiencia e investigación, Marilina fue armando su catálogo de productos para todo público.
Hoy cuenta con una línea de cuidado capilar, cremas faciales para pieles sensibles o especiales, desodorante, crema corporal, ungüento para dolores musculares y cuidado de labios.
Además, cabe destacar que los envases de los productos son reutilizables.
“Siempre me estoy reinventando y mejorando lo que tengo, y también viendo cuál es la necesidad a cubrir”, apuntó.
La ingeniera en alimentos reflexionó que “todo lo que no conocemos parece que es imposible y como que nunca vamos a estar cien por ciento seguros para hacerlo, pero es hasta que damos el primer paso que podemos ver los resultados”, reflexionó Ruiz.
En cuanto a su espíritu emprendedor, confesó que “siempre me gustó emprender, poder plasmar y concretar mis ideas”.
Subrayó que tuvo “varios proyectos que me respaldaron al momento de dedicarme a Madre Montaña”.
“También, el hecho de que a la gente le gusté y me pidiera los productos fue una motivación muy grande, se fue haciendo una cadena. Sumado que siempre trabajé con aceites esenciales puros de muy buena calidad, lo que me dio una base sólida sobre lo que estoy vendiendo”, añadió.
Con proyección hacia un laboratorio certificado
Rememorando el crecimiento que tuvo Madre Montaña desde sus inicios hasta la actualidad, la profesional destacó “todo lo creado, desde la fórmula, los envases, los clientes, el mensaje y el valor que le doy al proyecto”.
Y, a futuro, planteó la posibilidad de tener un laboratorio certificado.
“Es un largo camino porque hay que contar con un montón de recursos, pero el emprendedor tiene que ser entusiasta y saber que se puede construir. Podemos hacer todo, pero no todo junto, entonces se trata de ir organizándonos y poniéndonos metas a largo plazo para seguir avanzando”, acentuó.
“Para llegar a esa meta, hay que ampliar significativamente la producción, por lo cual tenés que sumar gente al equipo y, esto es algo que muchas veces nos juega en contra a los emprendedores, porque, en mi caso -por ejemplo- me cuesta delegar y confiar. Al iniciar y tener que ocuparnos de todo, después es un proceso ir soltando algunas cosas”, dijo Marilina.
En ese sentido, destacó: “Me encuentro haciendo un trabajo interno con varias herramientas que práctico para entender que somos dueños de nuestros emprendimientos, pero podemos trabajar con más personas”.
Otra experiencia que comentó Ruiz, fue la del programa Incubadora de Empresas, de la Universidad Nacional de Villa María y AERCA.
“Te ayuda a ordenarte y te dice todo lo que tenés que hacer para pasar de emprendedor a empresario. Es decir, te permite conocer el plan ideal para saber qué es lo que se necesita, entonces uno puede proyectar y ver esa meta como algo posible”, distinguió.
Por último, la ingeniera remarcó la importancia en prestar atención y “seguir los propios instintos” ante los productos que actúan sobre el cuerpo y destacó que brinda asesorías acerca de sus productos para aquellos que estén interesados y que pueden contactarla a través de su cuenta de Instagram.