Una investigación de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) detectó la presencia de 51 establecimientos elaboradores de vino distribuidos en casi 145 hectáreas cultivadas.
El sector, aún incipiente, enfrenta desafíos vinculados a la escala, la sustentabilidad económica y la construcción de una identidad productiva propia.
Una actividad emergente que busca consolidarse
El primer diagnóstico socioproductivo de la vitivinicultura en Córdoba identificó que los elaboradores cuentan con 144,6 hectáreas plantadas, con un promedio de 3,5 hectáreas por emprendimiento.
La comparación con otras provincias vitivinícolas permite dimensionar la escala: Mendoza posee más de 142 mil hectáreas cultivadas, seguida por San Juan (39.684), La Rioja (7.010) y Salta (3.700), según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura.
En Córdoba se cultivan 27 cepas diferentes (15 tintas y 12 blancas), entre las que predominan malbec, cabernet sauvignon y sauvignon blanc. Los departamentos de Calamuchita, Colón y San Javier concentran la mayor cantidad de establecimientos, con 12 cada uno.
El estudio fue desarrollado por Daniel Cáceres, investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Imbiv), dependiente de la UNC y el Conicet, junto a Mariano Córdoba, docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias.
Cáceres recordó que durante el siglo pasado la provincia llegó a producir millones de litros de vino de mesa, pero que en las últimas dos décadas emergieron emprendimientos de pequeña escala enfocados en la calidad. “Esta nueva vitivinicultura cordobesa está dando sus primeros pasos y buscando una identidad propia”, afirmó.
Dos modelos productivos: empresarial y familiar
A partir de entrevistas realizadas a 47 elaboradores de vino entre agosto de 2023 y septiembre de 2024, la investigación identificó dos perfiles socioproductivos diferenciados.
El perfil empresarial presenta mayores niveles de inversión —el 21 % de los casos supera el millón de dólares— y estrategias más diversificadas. En estos emprendimientos, el enoturismo se posiciona como un componente clave, combinando la producción con actividades como hospedaje, gastronomía o eventos.
Por su parte, el perfil familiar desarrolla estructuras productivas más livianas, con menor exposición al riesgo y estrategias más simples. Un dato relevante es que algunos de estos pequeños productores reportan ganancias, aunque en niveles mínimos.
La actividad vitivinícola provincial opera a pequeña escala: representa apenas el 0,1 % del total nacional de superficie cultivada, y el 75 % de las vides fue implantado a partir del año 2000.
En términos productivos, el 77 % de los establecimientos elabora menos de 12 mil botellas anuales, mientras que el 34 % produce menos de 4.000. Solo cuatro bodegas superan las 20 mil botellas por año.
Sustentabilidad económica y presión agrícola
A pesar de la diversificación de actividades —solo el 21 % se enfoca exclusivamente en la producción de vino—, cerca del 60 % de los entrevistados reconoció que la actividad no resulta sustentable económicamente.
En muchos casos, la continuidad del emprendimiento depende de ingresos provenientes de otras actividades económicas de sus titulares, como el comercio, la industria o el ejercicio profesional independiente.
Según Cáceres, los productores concentraron sus esfuerzos en la implantación de viñedos y la construcción de bodegas, dejando en segundo plano aspectos como la comercialización o la sustentabilidad del negocio.
El estudio también advierte sobre la necesidad de políticas públicas segmentadas que atiendan las distintas realidades productivas, así como de mayor inversión en ciencia y tecnología aplicada al sector.
Otro desafío crítico es la presión de la agricultura extensiva. El uso de herbicidas hormonales puede generar daños en los viñedos, afectando la fisiología de las hojas, retrasando la maduración y reduciendo tanto la cantidad como la calidad de la uva producida.
En este contexto, la nueva vitivinicultura cordobesa enfrenta el desafío de adaptarse, innovar y consolidar una identidad que le permita diferenciarse dentro del mapa vitivinícola nacional.







